“No es lo suficientemente rápido, no es lo suficientemente grande, no podrá correr entre los tackles durante mucho tiempo”

Esas palabras las tuvo que escuchar y leer durante varios años nuestro protagonista de hoy. Se las dedicaron justo tras batir todos los récords de su instituto en Pensacola, Florida, antes de ingresar en la universidad de Florida. Las volvió a recibir a la hora de presentarse al draft de la NFL tres años después. Emmitt Smith, un hombre de profundas creencias religiosas, nunca perdió la concentración ni dejó de marcarse los mismos objetivos. Su fe en si mismo, unida a una ética de trabajo sin parangón, le hizo convertir todos esos informes en una anécdota camino de la carrera más productiva que un runningback haya tenido jamás.

COLLEGE: BRILLANTES INICIOS EN FLORIDA

En su temporada de freshman, en su primera titularidad, batió el registro histórico de la universidad en un partido con 224 yardas de carrera en una sorprendente victoria de Florida sobre Alabama. Smith consiguió acceder a las 1000 yardas en su séptimo encuentro, el más rápido en la historia. En tan solo tres años reescribió el libro de récords de la universidad, siendo de paso elegido por partida doble mejor jugador de la SEC.

Para 1990 Florida contrató a Steve Spurrier como head coach. Su llegada con unos esquemas muy inclinados hacia el juego de pase preocuparon a Smith, que decidió dar el salto al profesionalismo de forma anticipada. A día de hoy Emmitt aún reniega del poco esfuerzo que hizo Spurrier por retenerle e incluso en su discurso de entrada al Salón de la Fama ignoró por completo su estancia universitaria.

Emmitt en sus tiempos con los Gators
Emmitt en sus tiempos con los Gators

LA PIEZA FINAL DE LA DINASTÍA DE LOS COWBOYS

La dejadez de Spurrier y Florida terminaría siendo ganancia para los Dallas Cowboys, que escogerían a Smith en el puesto 17 de la primera ronda del draft. No obstante, el gran objetivo de Jimmy Johnson era un linebacker de Baylor llamado James Francis. Los Bengals se adelantaron y Dallas tuvo que acometer el “plan B”, eligiendo el runningback que esperaban sustituyera a Herschel Walker, traspasado a bombo y platillo la campaña anterior a Minnesota por una plétora de jugadores y elecciones de draft. De qué manera tan trivial la historia de la liga puede cambiar en un momento dado. Al final, Emmitt cumpliría su sueño de jugar para los Cowboys.

Smith se perdió toda la pretemporada sumido en una batalla contractual, pero firmó justo a tiempo de empezar la liga regular. Esa circunstancia es la que evitó que no alcanzase las 1000 yardas de carrera en la temporada. Sin embargo, su año rookie fue un completo éxito. Dallas pasó de ganar un partido en 1989 a estar luchando por los playoffs a falta de dos jornadas en 1990. Sus cuatro touchdowns en una victoria en Phoenix por 41-10, la cuarta consecutiva para los Cowboys, prometían mucho de cara a campañas venideras. Fue nombrado novato del año.

En 1991 conseguiría el primero de sus cuatro títulos de campeón de carrera, superando a Barry Sanders con una formidable actuación de 160 yardas en la jornada final ante Atlanta. Entre los dos conseguirían ocho títulos de yardas terrestres en la década de los noventa. Dallas avanzó a los playoffs por primera vez desde 1985 y ganó un partido de postemporada por primera vez desde 1982. “El Equipo de América” estaba de vuelta.

Las temporadas de 1992 y 1993 fueron el período de esplendor de la dinastía de los Cowboys en la década. El traspaso por Charles Haley le dio más potencial si cabe a una gran defensa, que rompió la tendencia general de la liga al enfocarse sobre todo en la velocidad. Troy Aikman lideraba un ataque que contaba con un trío de receptores (Michael Irvin, Alvin Harper y Jay Novacek) cuyos atributos se complementaban a la perfección. Una línea de ataque de tamaño monstruoso, la mayor de la competición, más el fullback Daryl Johnston, abrían huecos sin compasión para un Smith que volvería a liderar la NFL en yardas de carrera esos dos años. Al mando de tanto talento junto un staff técnico de muchos quilates con Jimmy Johnson como head coach y una serie de asistentes que acabarían siendo entrenadores jefe tanto a nivel profesional como colegial.

Daryl Johnston y Emmitt Smith
Daryl Johnston y Emmitt Smith

El título de 1992 otorgó toda la validez del mundo al proyecto de Jerry Jones y Jimmy Johnson. Sin embargo, también les hizo perder un poco la atención sobre su jugador más importante, el que hacía que todas las piezas encajasen. Y ése no era otro que Emmitt.

La discusión contractual del verano del 93 fue larga y agria. Jones llegó a declarar en un momento dado que Smith “era un lujo para Dallas, no una necesidad”. Cuando los Cowboys abrieron la campaña con dos derrotas consecutivas el propietario se dio cuenta que no podía vivir sin las victorias, y por ende renovó a su runningback a golpe de talonario.

La vuelta de Smith resultó providencial. Esa temporada fue probablemente la mejor de su carrera. 237 yardas de carrera en Philadelphia bajo la lluvia y 231 yardas totales (168 de carrera, 61 de recepción) con un hombro separado en Nueva York ante los Giants para lograr de forma agónica en la prórroga el título divisional y la ventaja de campo para los playoffs.

En la Super Bowl XXVIII frente a los Bills, Emmitt demostró que no solo era el jugador más importante para su equipo, sino a la vez el más decisivo de toda la competición. Con Aikman sufriendo los efectos de una conmoción cerebral producida apenas siete días antes, Smith se echó el equipo a su espalda literalmente. Ganó el MVP de la final que juntó al MVP de la temporada regular. Sus 132 yardas y 2 TD fueron el factor diferencial de un choque más igualado de lo esperado en principio.

En el drive clave del tercer cuarto llevó el balón en siete de los ocho snaps y generó 61 de las 64 yardas del mismo, la mayor parte de ellas con la misma jugada, “Power Right”, en la que el left guard Nate Newton hacía un pull para unirse a Erik Williams (RT) y Kevin Gogan (RG) en una cuña de tres hombres de casi 1000 libras (450 kilogramos). El primer touchdown es “clásico Smith”, rompiendo el placaje de Jeff Wright en el backfield y generando un segundo y tercer esfuerzo que le condujo hasta la end zone. El jugador “pequeño y lento” también era el que tenía más corazón.

Emmitt Smith destrozó a los Bills en la SB XXVIII
Emmitt Smith destrozó a los Bills en la Super Bowl XXVIII

Con los Cowboys de nuevo en lo más alto Jones entró en disputa con Johnson y así se rompió el tándem más exitoso de la liga. El propietario volvió a infravalorar una de las piezas básicas de la franquicia y de forma célebre proclamó que “más de doscientos entrenadores podrían llevar este equipo a la Super Bowl”. El elegido fue Barry Switzer, que llevaba seis años alejado de los terrenos de juego.

A corto plazo la teoría de Jones se mostró válida. Con una plantilla que seguía siendo la mejor de largo de la NFL (junto a San Francisco) los Cowboys jugarían la final de conferencia de 1994 y ganarían su tercera Super Bowl de la década en 1995. Ese año Emmitt flirteó con las 2000 yardas de carrera pero “se tuvo que conformar” con su cuarto título de mejor runningback y el récord de la liga con 25 touchdowns totales, todos ellos por vía terrestre. Su extraordinaria actuación en el campeonato de la NFC ante Green Bay, 150 yardas y 3TD, acabaría resultando el último gran día dominante del equipo de la estrella solitaria. Un diciembre con récord de 2-2 y una victoria ajustadísima en la final ante Pittsburgh auguraban nubarrones en el horizonte.

1996-1997: AÑOS COMPLICADOS

Para alguien que fue el jugador más temido de la competición durante la primera mitad de la década debió ser una experiencia muy dura lo vivido en las temporadas de 1996 y 1997. Nadie lo hubiera previsto tras firmar un fastuoso contrato de ocho años y 48 millones de dólares en el verano para convertirse en el hombre mejor pagado de la NFL.

Emmitt Smith lesionado
Smith atendido sobre el campo en un partido ante los 49ers en 1995

La primera temporada estuvo marcada por las lesiones. Pese a tener tres huesos astillados en un tobillo no dejó de jugar un solo partido importante para su equipo. Anotó 15 touchdowns y sumó 1204 yardas de carrera, pero su promedio de 3,7 yardas por intento, el peor de su carrera, evidenció los problemas. “Hubo un par de veces en la temporada que me tuve que levantar a media noche para ir al baño y me desmayé. Una vez, la noche anterior a un partido, me levanté, di un paso y me derrumbé. Creí que mis piernas estaban dormidas, pero era algo más que eso, porque regresaba a la cama, me frotaba las piernas, intentaba levantarme de nuevo y me volvía a caer. Volví a repetir la secuencia hasta que por fin conseguí llegar al baño”.

Este calvario personal y privado no sería nada comparado con lo venidero en 1997. Switzer estaba cada vez menos al control de una franquicia rota por la agencia libre y numerosos problemas extradeportivos que también le implicaban a él. Uno de sus planes para la campaña fue el de empezar a dar descanso durante los partidos a Emmitt, 28 años por aquel entonces. En una fatídica derrota ante los Giants al comienzo de la liga Smith quedaba inmóvil en la banda en el decisivo cuarto período viendo como su entrenador prefería apostar por Sherman Williams. ¿Había llegado el final de la brillante carrera de Emmitt Smith? Ésa era la pregunta que se hacían constantemente aficionados y prensa.

PERSECUCIÓN DEL RÉCORD DE WALTER PAYTON

El aterrizaje de Chan Gailey a Dallas en 1998 revitalizó el obsoleto ataque de los Cowboys con nuevas ideas que rescatarían la carrera de Smith. El runningback recuperó su estilo lleno de pundonor y volvió a correr con una alegría no vista en las dos campañas anteriores. El problema es que el equipo no recuperaría nunca el talento perdido y no podría volver a luchar en condiciones reales por el anillo. Una vez que Michael Irvin y Troy Aikman se fueron retirando tras las temporadas de 1999 y 2000, Emmitt comprendió que el cuarto anillo nunca llegaría y que el gran objetivo sería llegar a la histórica marca de las 16.726 yardas vía terrestre establecida por el legendario corredor de Chicago, Walter Payton. Desde el día que comenzó su carrera profesional se marcó ese casi imposible reto.

El propio Payton declaró en su día que quien quisiera arrebatarle esa plusmarca tendría que dar poco más que la vida. Emmitt lo consiguió en su decimotercera campaña en la liga, importante porque fue el total disputado por la leyenda de los Bears. Smith fue batallando una vez más las críticas en 2002, que decían que seguía en activo únicamente por el récord y que su actitud egoísta perjudicaba al futuro de la franquicia. Sus siete partidos iniciales sin registrar uno solo de 100 yardas (un hito en su carrera) alimentaban más si cabe la mecha de las críticas. Una vez más, el obstinado chico de Pensacola se acrecentó ante las adversidades y las respondió con su mejor actuación de la temporada.

El 27 de octubre de 2002, en el antiguo Texas Stadium, historia de la NFL fue escrita cuando Smith realizaba una carrera de once yardas en el último cuarto ante los Seattle Seahawks. La jugada para el recuerdo es puro Emmitt: visión para elegir el hueco por el que golpear, equilibro del cuerpo con el centro de gravedad muy bajo para romper un placaje y finalmente ese característico segundo esfuerzo para registrar tres yardas más de las que daba la jugada. En alguna ocasión Smith ha declarado que esas 2-3 yardas extra pueden suponer alrededor de 1.000 a lo largo de toda su carrera. El chico que imaginaba de pequeño en el jardín de su abuela que quería ser Walter Payton acababa de superar a su ídolo.

Las dos últimas campañas de su carrera las pasó en Arizona con más pena que gloria tras ser cortado por Bill Parcells a su llegada a Dallas. Pero que ese hecho no emborrone lo que fue la trayectoria más exitosa de un runningback en la historia de la NFL: máximo corredor de todos los tiempos, máximo anotador de touchdowns de carrera de todos los tiempos, cuatro títulos de líder de yardas de carrera en una temporada, tres campeonatos de la Super Bowl con un MVP de la final incluido y otro MVP de la regular season más el premio de novato del año para la saca.

Es difícil imaginar hoy día en una era tan mediatizada por los quarterbacks el impacto que tuvo este pequeño runningback. Ni el electrizante juego de Barry Sanders, ni el frenético “Kelly Offense” de los Bills, ni siquiera los quirúrgicos ataques “West Coast” liderados por Steve Young y Brett Favre en San Francisco y Green Bay; ningún arma fue más temida en la primera mitad de los noventa que el juego de Emmitt Smith detrás de esa enorme línea ofensiva y por supuesto de su fullback, su “hermano”, Daryl Johnston. Los más viejos del lugar recordarán aquella estadística que siempre ofrecía la televisión, por la que Dallas ganaba casi todos los partidos en los que su corredor superaba las 100 yardas. Con el breve paréntesis de Terrell Davis ningún otro runningback ha podido duplicar este estatus de hombre clave de la liga.

“No dejes nunca que nadie te defina. Tú te defines a ti mismo”. Amén Emmitt.

Año Equipo Part. Carr. Yds Prod. TD
2004 ARI 15 267 937 3,5 9
2003 ARI 10 90 256 2,8 2
2002 DAL 16 254 975 3,8 5
2001 DAL 14 261 1.021 3,9 3
2000 DAL 16 294 1.203 4,1 9
1999 DAL 15 329 1.397 4,2 11
1998 DAL 16 319 1.332 4,2 13
1997 DAL 16 261 1.074 4,1 4
1996 DAL 15 327 1.204 3,7 12
1995 DAL 16 377 1.773 4,7 25
1994 DAL 15 368 1.484 4,0 21
1993 DAL 14 283 1.486 5,3 9
1992 DAL 16 373 1.713 4,6 18
1991 DAL 16 365 1.563 4,3 12
1990 DAL 16 241 937 3,9 11
TOTAL 226 4.409 18.355 4,2 164