Gale Sayers en los sesenta, O.J. Simpson en los setenta, Walter Payton en los ochenta y por supuesto Barry Sanders en los noventa. Cada década ha traído numerosos corredores que han triunfado, pero sólo los más grandes han sido recordados años después de su retirada.

Con su metro y setenta y tres centímetros de estatura, y dos piernas que se asemejaban a un par de sierras mecánicas, Sanders torturó durante diez temporadas a las defensas rivales con un estilo electrizante. Con el runningback de los Lions en el campo todo podía pasar, desde una carrera de ochenta yardas para touchdown hasta una pérdida de cinco yardas, pero lo que estaba asegurado era el espectáculo.

Sanders en línea hacia el TD

Antes de llegar a la NFL, Barry pasó tres años en la Universidad de Oklahoma State. Después de servir en su temporada de novato como reserva de Thurman Thomas, Sanders obtuvo la titularidad y lo agradeció en su año de junior en el que estableció trece récords de la NCAA y ganó el Heisman Trophy entre otros muchos galardones.

Los Lions no pasaron por alto sus cualidades y le eligieron con la tercera elección del draft de 1989, sólo por detrás de Troy Aikman y Tony Mandarich. Desde su primera carrera -18 yardas- Sanders supuso un impacto súbito en la NFL. Fue nombrado rookie del año gracias a sus 1470 yardas de carrera y 14TD, además de alcanzar la Pro Bowl, algo que consiguió en cada una de sus diez campañas en la liga. En la temporada siguiente ganó el título de máximo corredor de la liga, liderando la “Run & Shoot Offense” de Detroit que fue conocida como la “Silver Strech”. Pero fue en 1991 cuando los Lions transformaron las yardas de Sanders en victorias. La campaña fue excelente exceptuando el primer y último partido: 45-0 y 41-10 humillantes derrotas ante Washington, la segunda en la final de la Conferencia Nacional. Desgraciadamente para el fabuloso nº 20, sus Lions nunca volverían a estar tan cerca de la Superbowl.

Tras un par de campañas irregulares marcadas por la inestabilidad de Wayne Fontes como entrenador del equipo, Sanders vivió en 1994 una temporada de otra galaxia. Estableció la cuarta mejor marca de la historia con 1883yds, incluidas 237 en el partido contra Tampa Bay. Pero en los playoffs una vez más la suerte no le sonrió. En probablemente el peor encuentro de su carrera, la defensa de Green Bay dejó a Sanders en unas cifras ridículas: trece carreras para una yarda negativa, y tres recepciones para cuatro yardas. Por supuesto Detroit perdió 16-12. Un año después se volvió a repetir la historia: 1500 yardas y 12TD durante la temporada regular, para otra rápida eliminación en la fase final, esta vez a manos de los Eagles por el escandaloso resultado de 58-37 (51-7 mediado el tercer período).
Más frustrante para el equipo del estado de Michigan fue la siguiente campaña. Sanders lideró la liga por tercera vez en su carrera con 1553yds y Herman Moore confirmó su status de mejor receptor del momento (Jerry Rice aparte), pero a pesar de ello Detroit terminó con un balance de 5-11 que le costó el puesto a Fontes.

Bobby Ross, que había guiado a los Chargers hasta la Superbowl tres años antes, se hizo cargo del equipo, y la primera decisión que tomó fue colocarle a Sanders un fullback por delante. Con Vardell y Schlesinger pavimentando defensas, Barry protagonizó quizás la mejor temporada que un runningback haya tenido en la historia de la NFL. Alcanzó las 2000 yardas convirtiéndose en el tercer hombre en conseguir la hazaña (O.J. Simpson, Eric Dickerson), a pesar de que en los dos primeros encuentros sólo ganó 53yds. Pero Sanders arregló ese mal inicio con una serie de trece partidos consecutivos en los que sobrepasó las cien yardas de carrera, todo un récord de la NFL.

En el último partido de liga ante los Jets, Detroit necesitaba la victoria para meterse en los playoffs, y Sanders en particular 131 yardas para alcanzar la cifra mágica. En una espectacular actuación, Barry Sanders se echó el equipo a sus espaldas y lo llevó al triunfo por 13-10 gracias a sus 184 yardas de carrera y el único touchdown de los Lions anotado en el último cuarto. Al final del partido fue sacado a hombros por sus compañeros. Finalizó así la temporada con 2053 yardas y un increíble promedio de 6.1yds por carrera. Detroit aprovechó también sus 14TD para meterse en los playoffs, y Sanders compartió el título de MVP de la liga con Brett Favre. Una semana más tarde, Tampa Bay limitó a la estrella de los Lions a 65 yardas en 18 carreras, y se llevó la victoria por 20-10. Ese resultado supuso la quinta derrota consecutiva para Detroit en los playoffs.

La última temporada de Sanders en la liga fue decepcionante para el equipo, que sustituyó quarterbacks en el tercer partido, y navegó por la cola de la división para terminar con cinco victorias y once derrotas. En el último encuentro, Barry tenía la posibilidad de alcanzar las 1500 yardas de carrera por cuarto año consecutivo, pero tras llegar a alcanzar 1499 frente a Baltimore, perdió ocho yardas en sus últimas tres carreras en la liga, y dejó el récord en tres campañas seguidas con +1500yds. Pocos meses después Sanders anunció su retirada de la NFL sorprendiendo a propios y extraños. A pesar de tener contrato en vigor con los Lions, alegó que ya no sentía pasión por el juego. Se convertía así en probablemente el mejor jugador de la historia que no ha llegado siquiera a jugar en una Superbowl.

El récord de Walter Payton de yardas de carrera estaba a salvo, pero más aun los tobillos de sus rivales.

ESTADÍSTICAS

TEMP EQUIP. CAR YDS MED TD REC YDS MED TD
1989 DET 280 1470 5,3 14 24 282 11,8 0
1990 DET 255 1304 5,1 13 36 480 13,3 3
1991 DET 342 1548 4,5 16 41 307 7,5 1
1992 DET 312 1352 4,3 9 29 225 7,8 1
1993 DET 243 1115 4,6 3 36 205 5,7 0
1994 DET 331 1883 5,7 7 44 283 6,4 1
1995 DET 314 1500 4,8 11 48 398 8,3 1
1996 DET 307 1553 5,1 11 24 147 6,1 0
1997 DET 335 2053 6,1 11 33 305 9,2 3
1998 DET 343 1491 4,3 4 37 289 7,8 0
TOT. 3062 15269 5,0 99 352 2921 8,3 10