“Cuando Dios creó un runningback, creó a Walter Payton. Cuando creó un linebacker, creó a Lawrence Taylor

Las palabras de Johnny Roland, asistente durante muchos años en la NFL, indican bien a las claras el impacto que causó la llegada de Lawrence Taylor a la liga, un jugador que hacía cambiar por completo el game plan de cualquier equipo que se enfrentara a los Giants de Nueva York.

Durante las trece temporadas que disputó (1981-93) Taylor redefinió el concepto de linebacker. Hasta entonces habían aparecido linebackers versátiles, que podían parar la carrera, cubrir pases o realizar el blitz (Bobby Bell, Chuck Howley, Ted Hendricks y Jack Ham por citar algunos), pero eran básicamente defensores que “leían y reaccionaban”. Mientras, Taylor podía destruir el ataque contrario de tal manera que eran las ofensivas las que tenían que reaccionar ante él. Su intensidad podrá ser igualada alguna vez, pero jamás superada.

LT (como era conocido por los aficionados de los Giants) comenzó a dar los primeros pasos hacia el estrellato en Williamsburg, Virginia, como jugador de football senior del instituto. El equipo ganó el campeonato estatal gracias en buena medida a la actuación defensiva de Taylor, pero también a las 10 recepciones de touchdown que consiguió durante esa temporada actuando como tight end.
Del instituto de Williamsburg a la universidad de North Carolina, donde fue recibió el premio de mejor jugador de la ACC (Atlantic Coast Conference), así como todo tipo de honores como miembro del All America Team, el combinado de los mejores jugadores universitarios del año.

En 1981 llegó Lawrence Taylor a la NFL de la mano de los New York Giants, que le eligieron en la primera ronda del draft con el número dos absoluto, sólo por detrás de George Rogers. Ya en su primer año empezó a pagar dividendos, liderando a su equipo hacia los playoffs por primera vez desde 1963. Los 49ers de Joe Montana les cerraron el pase hacia la Superbowl tanto en 1981 como posteriormente en 1984, pero Taylor demostró –con sus galardones de rookie del año, y jugador defensivo de la temporada- que podía llevar a los Giants hasta el título.
En 1985 los Giants volvieron a los playoffs, y esta vez sí derrotaron a los 49ers en casa por 17-3, pero los Chicago Bears de Payton, Singletary y compañía les batieron posteriormente.

Y así llegó 1986, ese año Taylor vivió quizás, la mejor temporada para un jugador de defensa en la historia de la liga. Consiguió 20.5 sacks (líder de la liga y todavía cuarto mejor registro de la NFL), su tercer galardón como mejor jugador de defensa del año, y además el MVP. Los New York Giants ganaron 14 partidos y el consiguiente título de división (primero desde 1963), y debían medirse en playoffs divisional una vez más a los San Francisco 49ers. Aquel frío día en Nueva York supuso el impulso necesario que los hombres de Bill Parcells necesitaban para llegar a la Superbowl. Los Giants se impusieron por 49-3, gracias al excepcional juego de su defensa, que redujo a 29 yardas el juego de carrera de San Francisco. Taylor retornó una intercepción sobre Montana 34 yardas para touchdown, en una jugada en la que “Big Joe” sufría una conmoción cerebral que le sacaría del partido. La semana siguiente, en la final de la conferencia nacional ante los Washington Redskins, la defensa volvió a ser protagonista. La victoria por 17-0 metía a los Giants en la Superbowl por primera vez en su historia. En el Súper Domingo, New York completó una segunda mitad de partido impecable, y así los hombres que lideraba Taylor se proclamaban campeones ante los Broncos de John Elway por el contundente resultado de 39-20.

Las siguientes tres temporadas sólo vieron un partido de playoffs de los de Bill Parcells, problemas con las drogas y disputas contractuales con el equipo parecían dar por terminada la carrera de LT, pero en 1990 los Giants volvieron a la cima de la liga. Taylor acumuló su décima selección consecutiva para la Probowl, y Nueva York llegó a la final de conferencia para enfrentarse a los San Francisco 49ers por quinta vez en 10 años. Esta vez el duelo se disputó en casa de los californianos, doble campeones de la NFL en ese momento. Montana acababa de lograr su segundo MVP de la liga consecutivo, y nadie creía que los Giants se pudieran meter en la Superbowl, considerando además que Phil Simms, su quarterback estrella, no podía jugar debido a una lesión. Pero el planteamiento táctico de Bill Parcells causó de nuevo el caos en los 49ers, que sólo consiguieron 39 yardas de carrera. A pesar de todo, los niners ganaban 13-12, y se disponían a consumir el tiempo que restaba liderados por Steve Young (Montana había dejado el partido lesionado minutos antes). Roger Craig lo intentó una vez más por el centro, pero Erik Howard provocó el fumble que fue recuperado –como no- por Lawrence Taylor. Hostetler condujo a los Giants 33 yardas en seis jugadas, para que Matt Bahr transformara el field goal que les metía de nuevo en la Superbowl. Siete días después, los Giants repetirían como campeones bajo un clima de crispación provocado por la Guerra del Golfo.

Parcells dejaría el equipo tras ese partido, y tanto Taylor como los Giants iniciaron un progresivo declive. El equipo no llegó a los playoffs en las siguientes dos temporadas, y una rotura del tendón de Aquiles en 1992 le hizo considerar la retirada, pero la idea de dejar el juego por la puerta de atrás le dio fuerzas para seguir un año más. Dan Reeves se hizo cargo del equipo en 1993, el último año de Taylor en la liga. New York volvió a los playoffs, y en el encuentro de wild cards disputado en casa ante los Vikings, LT fue homenajeado por su público, que sabía que era su último partido en el Giants Stadium. La victoria por 17-10 cruzó una vez más los caminos de San Francisco y New York en los playoffs. En el último encuentro de Taylor en la NFL, 49ers arrasó 44-3, vengando las anteriores eliminaciones, pero la estela de Lawrence como el mejor jugador de defensa de la historia de la liga no quedó alterada.

Taylor se retiraba así con 132.5 sacks, segunda mejor marca de la competición en ese momento, y un año después, en 1994, su equipo de toda la vida retiraría su dorsal número 56. Finalmente, en julio de 1999, Lawrence quedaba inmortalizado como no podía ser de otro modo en el Salón de Fama.

Una de las anécdotas más recordadas sobre Lawrence Taylor es el encuentro que disputaron los Giants y los Redskins en noviembre de 1985. En uno de sus furiosos blitzs, Taylor golpeó al quarterback de Washington, Joe Theismann, rompiéndole dos huesos de su pierna derecha, un sack que le acabaría llevando irremediablemente a la retirada. Tras recibir el golpe, Theismann comenzó a gritar desesperadamente de dolor, y Taylor reaccionó llamando a los asistentes de los Skins. Al día siguiente, Lawrence le llamó por teléfono para consolarle. Cuando Theismann le comentó que le había roto la tibia y el peroné, Taylor le contestó de la siguiente forma: “Joe, tienes que comprenderlo, no puedo hacer las cosas a medias”. Desde luego que no.