Joe Montana, el jugador más conocido en la historia del fútbol americano, nació el once de Junio de 1956 en New Eagle (Pennsylvania), cuna de jugadores de la talla de Johnny Unitas, Joe Namath, Jim Kelly o Dan Marino. Seguramente Montana no sea el mejor quarterback que haya saltado a un campo en cuanto a condiciones físicas, pero sí que nadie ha sabido dirigir mejor un equipo que él.

LOS INICIOS

Su entrenador en high school, Jeff Petrucci se siente afortunado de haber iniciado a Montana en el fútbol americano: “Joe nació para ser un quarterback”.
Pero el gran Joe también destacó en otros deportes: lanzó tres partidos perfectos en las “Little Leagues” de béisbol, y fue llamado por la universidad de North Carolina para jugar allí al baloncesto. Pero Montana tenía claro lo que quería hacer, seguir a su ídolo Terry Hanratty, y se marchó imitando sus pasos a Notre Dame para dirigir la ofensiva de los Fighting Irish.

En su primer año allí, 1976, Montana no jugó por culpa de una lesión en el hombro, lo que relegó a ser el séptimo quarterback del equipo.
Al año siguiente Joe empezó como tercer QB, pero frente a Purdue se inició su leyenda. Cogió a Notre Dame perdiendo 24-14, y lanzó para 154 yardas y 1TD en los últimos once minutos para lograr su primera gran remontada, 31-24. El entrenador Dan Devine vio claro cual era su quarterback titular, y Montana no le defraudó. Notre Dame no volvió a perder ese año, y apalizó en la Cotton Bowl a Texas (Nº 1 en los rankings) por 38-10.

En su etapa universitaria con el número 3 de los Fighting Irish

Antes de llegar a la NFL, Montana dejó el sello de lo que iba a ser una gran carrera en el fútbol profesional. Fue en la Cotton Bowl de 1979 frente a Houston, su último partido universitario. En un campo cubierto de nieve, Montana acusó el tremendo frío reinante y tuvo que abandonar el partido con hipotermia. A falta de 7:37, Notre Dame caía 34-12, todo parecía perdido.
Pero nunca debes rendirte si Joe Montana está en tu equipo, tres pases de touchdown y dos conversiones de dos puntos otorgaron el triunfo a los Irish por 35-34. El último de los pases de touchdown llegó ya con el reloj a cero.

LLEGADA A LA NFL

Pero pese a las heroicidades de Montana en la universidad, los scouts de la NFL le describieron de esta manera: “Puede sacarte de apuros, pero generalmente va con el receptor primario y fuerza el pase aunque esté en triple cobertura. No tiene grandes habilidades atléticas, pero podría ser titular eventualmente.”

Bill Walsh, el entrenador de los San Francisco 49ers, había divisado en Montana un buen quarterback para dirigir su West Coast Offense, pero eso era porque sabía que no tenía ninguna posibilidad de draftear a Phil Simms, dado que los 49ers no tenían elección en primera ronda para el draft de 1979. Walsh estaba en lo cierto, Simms fue elegido en primera ronda, y entonces esperó hasta la tercera para draftear a Montana, con el número 82 absoluto.

Dos leyendas. Bill Walsh y Joe Montana

En su primer año en la liga, Walsh se encargaría de que Montana no tuviera que sufrir constantes derrotas en un equipo que había ganado sólo dos partidos el año anterior. Así, usó a Steve DeBerg como titular, y Montana actúo en situaciones especiales. Una de ellas fue en un partido contra los Jets. Steve DeBerg padecía de laringitis, y salió al campo equipado con un amplificador de voz para poder cantar las jugadas. Cuando los niners alcanzaron la yarda 10 de los Jets, DeBerg apuntó apuntó hacia la caja de voz, señalando una posible avería. Montana saltó al campo y corrió un bootleg para anotar su primer touchdown en la NFL. Evidentemente no existió tal avería, pero Walsh sabía que este tipo de jugadas iban a forjar una moral positiva y reforzar la confianza del joven Montana.

Para mediados de la campaña de 1980 Joe Montana se convirtió en el quarterback titular de San Francisco. En una temporada gris hubo un punto muy brillante, el enfrentamiento ante los New Orleans Saints de Archie Manning. Perdiendo 35-7 al descanso, Walsh indicó a sus hombres en el vestuario que había que salir e intentar que el marcador fuera algo más respetable. Montana anotó en un quarterback sneak, y luego lanzó un pase de 71 yardas a Dwight Clark que redujo las diferencias a 35-21. En el cuarto período, otro pase de TD esta vez para Freddie Solomon y finalmente una carrera de Lenvil Elliott empataron el partido. En la prórroga, Montana lideró un drive que llevó al field goal de Ray Wersching, que culminó así la mayor remontada de la historia de la NFL en temporada regular, 28 puntos.

Montana cerró su primer año como titular liderando la liga con un 64.5 Comp%, pero el balance de 6-10 de 49ers no auguraba grandes éxitos para San Francisco cara a la campaña de 1981. Sin embargo, un magnífico draft, que trajo a la bahía jugadores como Ronnie Lott, Eric Wright o Carlton Williamson, unido al fichaje de Fred Dean convirtió a los 49ers en el equipo a batir, sobre todo tras destrozar a los legendarios Dallas Cowboys por 45-14 en Candlestick Park.

Los niners acabaron el año con el mejor balance de la liga, 13-3, y debían medirse de nuevo a los Dallas Cowboys, pero esta vez en la final de la conferencia nacional, en un partido que casi todos consideraban como la auténtica Superbowl. En un partido que cambió la historia de la liga, Montana haría que fueran los 49ers, y no los Cowboys, el equipo dominador de la liga. Supuso el final de la dinastía de los de Tom Landry, y el inicio de la era Joe Montana y San Francisco 49ers.

Faltando cuatro minutos y 54 segundos por jugarse, los Cowboys de Dallas tenían ventaja de 27-21; sin embargo, los 49es recibían el balón en su propia yarda once. Fue entonces cuando Joe Montana encabezó un drive que concluiría 12 jugadas después. Los 49es estaban en situación de tercera oportunidad y tres por avanzar desde la yarda seis de los Cowboys, faltando 58 segundos de juego.

Y llegó la jugada: “Sprint right option”. Apenas le fue dado el balón Montana retrocedió y corrió hacia la derecha haciendo un roll-out. No había tenido mucho tiempo para buscar a sus receptores cuando ya estaba siendo perseguido por el tackle defensivo Larry Bethea y el linebacker D.D. Lewis. Otro que estaba acercándose peligrosamente al quarterback de los 49es era el inmenso defensive end Ed “Too Tall” Jones (foto).

Así, ante la agobiante presión de la defensa tejana, Montana estaba muy cerca de la línea de banda. En fracción de segundos se vería obligado a abandonar el terreno de juego o recibiría un sack. Desesperado al ver que su estelar receptor Freddie Solomon continuaba bien cubierto, Montana decidió enviar un pase muy alto al extremo derecho de la zona de anotación buscando a su receptor favorito Dwight Clark, quien de acuerdo al plan de juego debería ejecutar una trayectoria profunda de izquierda a derecha. “No podía ver si Dwight estaba descubierto”, señalaría posteriormente Joe Montana al explicar: “Sabía que Clark debería estar en la parte posterior de la zona de anotación, así que decidm arriesgarme lanzando el balón”.

Aquella recepción (The Catch) resulta impresionante por el enorme salto que dio Dwight Clark elevándose aproximadamente tres metros (foto superior), ante la impotente y angustiosa mirada del cornerback Everson Walls, quien a pesar de estirarse no logró evitar la acción que definió la final de la Conferencia Nacional y el derecho a jugar en la decimosexta edición de la Super Bowl.

Tras el éxito por la victoria ante los Dallas Cowboys, superar a los Cincinnati Bengals en la Superbowl XVI se daba casi por hecho. Montana dirigió el equipo con efectividad, para construir una ventaja de 20-0 al descanso. La defensa aguantó las acometidas de Cincinnati en la segunda parte y así los 49ers se proclamaron campeones por primera vez en su historia. Joe completó 14/22 pases para 157 yardas y 1TD, además de anotar él mismo otro touchdown de carrera, lo que le valió para ser nombrado MVP del encuentro.

En 1982 problemas en varios jugadores con las drogas y un mal inicio dejaron a los de Montana sin opciones de defender su título en los playoffs. Pero al año siguiente, las adquisiciones de Roger Craig y Wendell Tyler potenciaron un hasta entonces débil juego de carrera. San Francisco llegó hasta la final de la conferencia nacional, donde visitaban a los Washington Redskins, actuales campeones de la NFL. El conjunto de la capital dominó durante todo el partido y a falta de diez minutos ganaba 21-0. Pero Montana sacó su genio y empató el partido en siete minutos en los que lanzó para 264 yardas y tres pases de touchdown. Pero Washington tuvo el balón en su posesión en el último drive que aprovecharon para anotar el field goal de la victoria.

La decepción que supuso la derrota ante los Redskins espoleó a los hombres de Bill Walsh, que arrasaron a todos sus rivales en la temporada de 1984: 33-0 a los Rams, 41-7 a los Browns, 35-3 a los Saints, 51-7 a los Vikings… San Francisco se convirtió en el primer equipo de la historia en ganar 15 partidos en una campaña. Sólo una derrota en casa ante los Steelers por 20-17 les privó de la temporada perfecta. En la Superbowl XIX se midieron a los Miami Dolphins de Dan Marino. El quarterback del equipo de Florida había establecido récords en la temporada con 5084yds y 48TD de pase, por lo que todos los pronósticos daban a Miami favoritos, porque se pensaba que San Francisco no podría ser capaz de detener el juego aéreo de Marino. Pero la realidad fue muy diferente. Marino nunca pudo conectar en rutas largas con Mark Duper y Mark Clayton dado que la defensa de 49ers se centró en pararles ya que el juego de carrera de Miami era bastante pobre. En el otro lado del balón, Montana no tuvo ningún problema y a pesar de jugar con un fuerte resfriado, lanzó para 331 yardas y 3TD y corrió para 59 yardas más, un récord de la Superbowl para un quarterback (superado por Steve McNair en el 2000). Al final 38-16 para 49ers, segundo título para Montana y su segundo nombramiento como MVP.

Montana ante los Bengals

A partir de entonces llegarían los años más complicados de Montana en su carrera hasta ese momento en la NFL. En 1985, 49ers no ganó el título de la división por primera vez en tres años, y cayó fácilmente ante los Giants en wild cards. Pero lo peor estaba por llegar, un golpe sufrido en la espalda en la jornada inaugural de la campaña de 1986 parecía que le abocaba a una irremediable retirada. Tras la obligada operación, los médicos pronosticaron que Big Joe no podría volver a jugar al fútbol americano, y todos los periódicos e informativos siguieron casi minuto a minuto las evoluciones de Montana. Increíblemente, Montana volvió a jugar sólo siete semanas después. Su reaparición se produjo ante los Saint Louis Cardinals y fue un partido absolutamente anticlimático. Los defensores de los Cardinals llegarían constantemente hasta Montana, pero ninguno fue capaz de golpearle. Nadie quería ser el hombre que paralizara a Joe Montana. San Francisco ganó 43-17 ese día con tres pases de touchdown de Montana, pero el agujero en el que quedó el equipo en el período de baja de su quarterback estrella fue demasiado grande, y así 49ers se vio abocado a viajar de nuevo hasta New York para medirse a los Giants en wild cards. El partido fue más desastroso que el del año anterior: Montana dejó el partido antes del descanso con una conmoción cerebral, y los Giants jugaron casi de cachondeo desde entonces para terminar ganando 49-3.

Al año siguiente, San Francisco acumuló el mejor récord de la liga con 13-2, pero fue un balance engañoso debido a que tres victorias llegaron con los equipos de reemplazo por la huelga que se produjo ese año, y debido también a un par de victorias cosechadas de forma increíble.

Ese fue además el año en el que Steve Young llegó a los 49ers. Bill Walsh planeaba colocarle de titular por la temporada de 1989 como más tarde, debido a su creencia de que Montana estaba cerca del final de su carrera por todos sus problemas físicos. Su idea era la de traspasar a Joe antes de 1988 puesto que su valor todavía seguiría siendo alto, pero nadie en las oficinas de 49ers apoyó su decisión.

En los playoffs, San Francisco recibía a los Vikings, y eran favoritos por 14 puntos de ventaja. Ese día, Joe Montana jugó uno de sus peores encuentros en toda su carrera y fue sentado a favor de Steve Young en la segunda parte. Young despertó a su ofensiva, pero ya era muy tarde, y los niners cayeron 36-24.

CONTROVERSIA DE QUARTERBACKS

La polémica por sentar a Montana en ese partido se acrecentó cuando en la pretemporada siguiente, Bill Walsh declaró que el puesto de quarterback titular estaba abierto para cualquiera de los dos. Montana comenzó la temporada como titular, pero a mediados de año, problemas en codo y espalda hicieron pensar a Walsh en darle descanso a Joe para el partido ante los Vikings. El error del entrenador de 49ers fue que comentó a la prensa que Young sería el titular ante Minnesota sin habérselo dicho antes a Montana. Éste enfadado acudió rápidamente al despacho de Walsh para increparle si pensaba dejarle fuera del equipo ahora que se acercaban los partidos decisivos. Cuando Montana se levantó de la silla para abandonar la sala sufrió espasmos en su espalda que le dejaron inmóvil durante unos segundos. Al verle los médicos, decidieron que Montana no podría jugar en dos semanas. A pesar de ello, la noticia en la prensa era que Young era el nuevo titular a costa de la leyenda de la franquicia.

Montana y Young estudiando una jugada

Young jugó bien en esos dos partidos, pero la presión por meter a Montana en la alineación titular era tal que Walsh se vio obligado a ello tras la derrota ante los Cardinals. Como pensaba el entrenador de 49ers, Montana no estaba apto aún para jugar, y contra los Raiders firmó unos números indignos de su categoría (16/31, 160yds) en una derrota por 9-3.

A partir de entonces, Joe Montana jugó durante los siguientes 37 partidos (1988-1990) al nivel más alto que ningún quarterback haya exhibido jamás. Acumuló un récord de 34 victorias por sólo tres derrotas, promedió 275yds por partido, completó el 66.9% de sus pases, y lanzó 74TD por sólo 21INT, para un rating de 108.7. En seis partidos de playoffs lanzó 19TD-1INT, ganando dos Superbowls en el camino.

Los niners ganaron siete de los siguientes ocho partidos para plantarse en la Superbowl XXIII, que les enfrentaría de nuevo a los Cincinnati Bengals.

SUPERBOWL XXIII

Los Bengals de Sam Wyche habían mareado a sus oponentes durante todo el año con un rápido ataque sin huddle. Walsh lo contrarrestó no haciendo rápidas y constantes sustituciones, sino confiando en los componentes de su defensa básica 3-4. La estrategia funcionó a la perfección, y los 49ers tuvieron pocos problemas en anular el juego del quarterback Boomer Esiason, el jugador más valioso de la liga en 1988, y del corredor rookie Ickey Woods, cuyo juego había causado sensación toda la campaña.

Lo que era aún más sorprendente, la defensa de Cincinnati se mostraba igual de efectiva. Al descanso ambos equipos empataban 3-3, el primer empate al llegar el halftime en la historia de la Superbowl. Hacia el final del tercer cuarto el resultado era 6-6. La multitud se volvió loca cuando el jugador de los Bengals, Stanford Jennings, retornó un kickoff 93 yardas para un electrizante touchdown.

Ejecutando un pase en la Super Bowl

Así, al comenzar el ultimo período, los poderosos 49ers marchaban por detrás 13-6. Afortunadamente para ellos, tenían un par de armas no muy secretas — Montana y el increíble receptor Jerry Rice, que se había torcido el tobillo en un entrenamiento seis días antes. Rice no pudo entrenar durante tres días. Lamentablemente para los Bengals, estaba a punto para el día del partido.

Los niners elaboraron un drive de 85 yardas en sólo 91 segundos. La jugada del touchdown de Rice fue espectacular; capturó un pase corto y hábilmente colocó el balón por encima de la goal line mientras se salía por la banda.

Pero los Bengals no se vinieron abajo. Con 3:20 para el final, Jim Breech convirtió su tercer field goal del día, dando la ventaja a su equipo 16-13. En ese momento, Breech tenía una decente oportunidad de ser el primer MVP de la historia de la Superbowl en medir únicamente 1 metro 67 centímetros.

Tras ser penalizado en el subsiguiente kickoff, San Francisco comenzaría desde su yarda 8. Era uno de los momentos más tensos de la historia de la Superbowl. En la banda, un miembro de los Bengals gritaba, “¡Les tenemos!”

El veterano receptor Cris Collinsworth le respondió, “¿Quieres hacer el favor de mirar si el número dieciséis está en el huddle?”. “Sí,” contestó su compañero. “Entonces no les tenemos,” Collinsworth le dijo categóricamente. El número 16, por supuesto, era Montana. Y solo estaba calentándose.

El maravilloso quarterback, conocido por hacer remontadas desde su época universitaria (para Notre Dame en la Cotton Bowl de 1978) y con los profesionales (la final de la Conferencia Nacional de 1981 ante Dallas) comenzó con precaución. Sus primeros envíos fueron pases cortos a Craig (8 yardas), el tight end John Frank (7), y Rice (7). Después de un par de carreras de Craig, Montana conectó con Rice para 17 y con Craig para 13 más.

El balón estaba en la yarda 35 de Cincinnati cuando algo gracioso ocurrió. Montana, quizás el jugador más cerebral en ponerse un casco, casi se desmayó mientras gritaba la próxima jugada. Su visión se emborronó, y lanzó a propósito excesivamente largo para Rice. Después de otra penalización, los 49ers encaraban una 2ª y 20 en la yarda 45 de los Bengals. Entonces llegó una de las mejores jugadas del encuentro, un pase de 27 yardas para Rice a pesar de sufrir una triple cobertura. Montana lanzó para Craig logrando 8 yardas más y así San Francisco pidió su segundo tiempo muerto con 39 segundos para el final.

Joe Montana y Jerry Rice, sociedad ilimitada

Prácticamente todo el mundo pensaba que el próximo balón iba a ser para Rice, que había acumulado una actuación de MVP con 11 recepciones para 215 yardas. Como era habitual, Walsh (que se retiraría pocos días después) estaba un escalón por encima del resto. Ordenó un pase para Roger Craig, y cuando el corredor estuvo cubierto, Montana lanzó un perfecto pase al wide receiver John Taylor en el fondo de la end zone. Taylor no había atrapado un solo pase en todo el día. Pero no dejó escapar éste, y así los San Francisco 49ers cosechaban la victoria con muchísimos apuros por 20-16.

“Incluso si teníamos que coger a Joe y llevarlo en masa hasta la end zone, íbamos a conseguir el touchdown,” comentó el center Randy Cross poco después. Como era habitual, la situación fue a la inversa. Joe Montana había conducido un equipo entero hasta la end zone.

En 1989 la magia continuó. San Francisco ganó 14 de 16 partidos y Montana fue elegido MVP de la liga y estableció el récord de rating en una temporada (superado por Steve Young) con 112.4. Dos partidos destacaron ese año: ante los Eagles en Philadelphia, Montana recibió ocho sacks en una derrota por 21-10 tras tres cuartos. En sólo quince minutos, Big Joe lanzó 4TD y acabó con 428 yardas en el partido para sumar una victoria por 38-28. En diciembre frente a los Rams, con el título de la división en juego, completaría 30/42 pases para 458 yardas, remontando dos veces déficits de 17 puntos.

En los playoffs nada cambió: 41-3 paliza a Minnesota, 30-3 sobre los Rams de Los Angeles en final de conferencia, y finalmente 55-10 a los Denver Broncos de John Elway. Ese día Montana ganó por tercera vez el MVP de una Superbowl, al completar 22/29 pases para 297yds y 5TD. Elway, 10/26 para 108yds y 2INT, no pudo más que contemplar como su equipo era literalmente destrozado. En las cuatro Superbowls que jugó Montana nunca fue interceptado, y lanzó para 1142 yardas y 11TD (récords todavía de la Superbowl). Aún sigue como el único jugador capaz de ganar el trofeo de MVP de la Superbowl en tres ocasiones.

En 1990 Montana trató de conseguir lo único que aún se le resistía, ganar la Superbowl tres años consecutivos, una hazaña que ningún equipo ha conseguido jamás. Para ello lideró a los 49ers a un récord de 14-2 y ganó su segundo MVP de la temporada consecutivo. Pero en la final de conferencia ante los Giants, vio lesionado desde la banda como un field goal de Matt Bahr les dejaba fuera de la Superbowl en el último segundo. Un partido de esa campaña pasó a la historia. Fue en la sexta semana ante los Atlanta Falcons, cuando un inspirado Montana lanzó para 476 yardas y 6TD (cinco de ellos a Jerry Rice) para sumar un épico triunfo por 45-35.

AÑOS EN BLANCO

La temporada de 1991 iba a suponer su decimotercera al frente del equipo californiano, pero en el verano saltó la alarma, Joe Montana estaba lesionado. Un problema en un codo le obligó a pasar por el quirófano, su temporada se había acabado antes de empezar. Sin él, los 49ers se quedaron fuera de los playoffs por primera vez desde 1982, si bien el hecho de que Young fuera el quarterback titular no fue la causa de la debacle, dado que lideró la liga con un rating de 101.8.

A pesar de ello, Montana era el titular para la campaña de 1992. En Julio parecía estar recuperado al lanzar sin molestias en algunos entrenamientos. Pero fue un espejismo. El 12 de septiembre volvió a pasar por el quirófano, su tercera operación en el codo en poco más de un año.
Young jugó francamente bien en su lugar, hasta el punto de que fue nombrado MVP de la competición, liderando su equipo a un balance de 14-2. Pero después de que Montana hubiera vuelto a jugar en la segunda mitad del partido que cerraba la temporada regular, la gente e incluso la prensa sugería que Big Joe fuera el titular durante los playoffs.

Montana no fue titular, de hecho, no llegó a jugar. Sólo contempló desde la banda como eran eliminados en final de conferencia ante los Dallas Cowboys, el equipo al que él había derrotado de forma milagrosa once años antes.

George Seifert tenía claro que para la campaña de 1993 Steve Young sería su hombre, y Montana lo sabía. En Abril anunció la decisión que impactó al mundo del deporte, se marchaba a los Kansas City Chiefs.

EL RETORNO

Montana quería demostrar que aún podía seguir jugando, pese a su edad (37 años) y sus lesiones. Dado que los Chiefs tenían los dorsales 3 y 16 retirados en honor de Jan Stenerud y Len Dawson respectivamente, Montana decidió usar el número 19 (16 + 3) en su última etapa como profesional. Su primer año en Kansas fue casi como un sueño, dado que pudo volver a dirigir un equipo de playoffs. Pero la realidad era demasiado dura. Los Chiefs no eran un equipo del potencial de San Francisco, y Montana sufrió una severa derrota en la final de conferencia en Buffalo.

Distribuyendo juego con los Chiefs

Para 1994 los Kansas City Chiefs se habían reforzado y parecían claros contendientes para llegar a la Superbowl. En la segunda semana de temporada regular llegó el partido del morbo, los 49ers de Steve Young contra los Chiefs de Joe Montana, en el estadio de Kansas City. Montana se tomó la revancha venciendo a su ex equipo por 24-17 con dos pases de touchdown del más grande.

Cinco semanas después, Montana protagonizó junto a John Elway uno de los partidos más memorables en la historia de la NFL. En un Monday Night Football lleno de jugadas locas y cambios de liderato, fue Montana quien golpeó al final. Perdiendo 28-24 a 1:29 para el final, el legendario quarterback lideró a los Chiefs en un drive de 75 yardas, culminándolo con un pase de touchdown a Willie Davis a ocho segundos del final. Al final del día, 393 yardas de pase y 3TD para un hombre que estaba cerca del final de su carrera.

A partir de entonces la suerte abandonó a los Chiefs que perdieron una serie de partidos por circunstancias y jugadas aisladas que nunca les beneficiaron. Al final pudieron entrar en los wild cards para enfrentarse a los Miami Dolphins de Dan Marino. En la repetición del duelo de la Superbowl XIX de diez años atrás, ambos jugadores estuvieron a un altísimo nivel. En una primera mitad que sólo vio drives que terminaban en anotaciones (empate a 17) Montana y Marino se combinaron para 26/31 pases y 3TD. En la segunda mitad, la defensa de Miami reaccionó y forzó una intercepción a Montana y un fumble de Marcus Allen que dieron el triunfo a los Dolphins por 27-17. En su último partido en la NFL, Montana completó 26/37 pases (70.3%) para 314yds con 2TD-1INT, 102.8rtg.

Tres semanas después, su equipo de toda la vida, los San Francisco 49ers, se proclamaban campeones por primera vez sin él en sus filas. Finalmente, en abril de 1995 anunciaba su retirada.
Casi tres años después, en diciembre de 1997 su número 16 fue retirado de los San Francisco 49es, en un homenaje que habría llegado mucho antes de no ser por la reticencias de Montana, que nunca pudo olvidar la forma en que debió salir de su equipo de toda la vida.En julio de 2000 llegó el último paso, su entrada al Salón de la Fama.

Pese que han pasado muchos años desde su retirada, todavía hoy muchos siguen echando de menos su juego y sobre todo, esa mítica sonrisa, la sonrisa de oro de un campeón.

TEMP EQ. PC PI % YDS TD INT RAT.
1979 SF 13 23 56,5 96 1 0 81,1
1980 SF 176 273 64,5 1795 15 9 87,8
1981 SF 311 488 63,7 3565 18 12 88,4
1982 SF 213 346 61,6 2613 17 11 88,0
1983 SF 332 515 64,5 3910 26 12 94,6
1984 SF 279 432 64,6 3630 28 10 102,9
1985 SF 303 494 61,3 3653 27 13 91,3
1986 SF 191 307 62,2 2236 8 9 80,7
1987 SF 266 398 66,8 3054 31 13 102,1
1988 SF 238 397 60,0 2981 18 10 87,9
1989 SF 271 386 70,2 3521 26 8 112,4
1990 SF 321 520 61,7 3944 26 16 89,0
1991 SF
1992 SF 15 21 71,4 126 2 0 118,4
1993 KC 181 298 60,7 2144 13 7 87,4
1994 KC 299 493 60,7 3283 16 9 83,6
TOTAL 3409 5391 63,2 40551 273 139 92,3