Marcus Allen

1752

Si los misiles soviéticos fueran tan peligrosos como Marcus Allen no tendríamos nada que hacer», (Ronald Reagan)

Generalmente, la carrera de un runningback en la NFL puede durar en torno a los diez, once años. A partir de entonces, la mayoría de ellos cae en un declive muy pronunciado que les aboca a la retirada. No fue ése el caso de Marcus Allen, que aguantó en la mejor liga del mundo durante dieciséis brillantes temporadas con Los Angeles Raiders y Kansas City Chiefs. Ningún otro runningback ha disputado más encuentros que él (222), y sólo Jerry Rice y Emmitt Smith han anotado más touchdowns. Además, es el único jugador de la historia con +10000 yardas de carrera y +5000 de recepción.

Criado en San Diego, Allen ingresó en el instituto Lincoln High donde comenzaría a labrar su brillante carrera. Pero no empezó como runningback, sino como defensive back. Allen disfrutaba con la defensa, y de hecho pronto se convirtió en la estrella del equipo, realizando más de treinta placajes en solitario en un encuentro que terminó con empate a cero.

Para su sorpresa, el entrenador Vic Player le comunicó que en su último año sería también el quarterback titular del equipo. Lo que para muchos jóvenes hubiera sido su sueño, para Allen no fue más que una mala noticia. Él era un defensive back, nada más. Siguiendo los consejos de su padre, Allen aceptó, y desempeñó su papel a la perfección. Lideró a Lincoln High hasta la final estatal, donde anotó 5TD, cuatro en carreras de 85, 30, 20 y 10 yardas, y el último en un retorno de intercepción de 60 yardas. Lógicamente, Lincoln High derrotó a Kerney High School por el contundente resultado de 34-6, y Allen recibiría numerosas ofertas de universidades pidiendo sus servicios.

Tras desechar muchas, Allen se quedó en la disyuntiva entre Oklahoma State y USC. El entrenador de Oklahoma State, Barry Switzer, quería a Allen para que fuera el quarterback de su «option attack», mientras que en USC jugaría como defensive back, que seguía siendo su deseo. Por esa razón, además de estar más cerca de casa, y ser el lugar donde O.J. Simpson -su ídolo- había jugado en la universidad, Marcus Allen eligió la Universidad del Sur de California.

En las primeras semanas de entrenamiento allá por 1978, Allen comenzó a practicar con Ronnie Lott, que era el jefe de la secundaria de los Trojans. Pero nuevamente las circunstancias abocaron a un cambio drástico en la carrera de Marcus Allen. Tras las bajas de dos corredores reservas, el entrenador John Robinson pensó en la idea de mover a Allen al ataque, para ser el tercer corredor del equipo. Marcus aceptó, aun cuando jamás había tomado un handoff en su vida.

Su año de freshman fue más de aprendizaje que de experiencia en el terreno de juego. Pero para su segundo año las cosas cambiarían. Como no, Allen volvería a cubrir otra posición, esta vez sería el fullback, bloqueando para la gran estrella del equipo, Charles White, que estaba llamado a ser el Heisman Trophy. Esa temporada Allen recibió todos los golpes del mundo y más, enfrentándose a jugadores mucho más grandes y fuerte que él. A pesar de ello realizó un buen trabajo, y White pudo ganar el Heisman Trophy.

Para su tercera temporada en USC Marcus Allen volvería a la posición que ya nunca abandonaría en el resto de su carrera, sería el corredor titular de los Trojans. Esa campaña de 1980 fue si cabe más dura, sobre todo en el aspecto psicológico. A pesar de liderar la NCAA en yardas totales, no se veían en él las grandes jugadas de White, y sobre todo, los Trojans no ganaban con toda la facilidad deseada.

Pero todo cambió en 1981. Desde el principio Allen se entrenó muy duro para acallar a sus críticos. Tenía en mente alcanzar las 2000 yardas de carrera en la temporada, algo que nadie jamás había realizado. Marcus Allen hizo eso y más, batiendo hasta doce records de la NCAA, entre ellos:

  • Más yardas de carrera en temporada regular: 2342
  • Media de yardas de carrera por partido: 212.9
  • Más partidos con +200 yardas de carrera: 8
  • Más partidos consecutivos con +200 yardas de carrera: 5
  • Mayor promedio de yardas por carrera: 5.81
  • Más yardas totales en una temporada: 2559

Indudablemente, el Heisman Trophy era suyo, superando claramente en la votación a Herschel Walker, Jim McMahon y Dan Marino.

NFL

Para el día del draft había dudas sobre el puesto que ocuparía Allen: o bien un número uno absoluto debido a su campaña de Heisman Trophy, o una segunda incluso tercera ronda del draft por culpa de su aparente falta de velocidad. Finalmente, con el número 10 los Oakland Raiders le elegirían. Al Davis, propietario del equipo, estaba en el juicio que ganaría a posteriori para llevar a los Raiders a la ciudad de Los Angeles. Davis le dejó bien claro a Ron Wolf –director de operaciones del equipo- que prefería a Walter Abercrombie sobre Marcus Allen. Si Wolf seleccionaba a Allen le dejó bien claro que sería «su hombre». Toda una premonición de lo que acontecería más tarde.

El año de novato de Allen en Los Angeles Raiders no pudo ser mejor. Anotó 14TD en la temporada de la huelga que redujo la regular season a nueve partidos. En su debut el doce de septiembre ante los campeones, los San Francisco 49ers, Allen correría para 116 yardas y su primer touchdown, además de 64 yardas de recepción. Finalmente, en los playoffs los Raiders caerían en segunda ronda ante los New York Jets.

Tras la temporada, en el inicio del training camp, Allen le sugirió a Al Davis que podía llevar más el balón en la ofensiva. La respuesta de Davis fue la siguiente: «date unas cuantas vueltas al campo». Durante sus once años en los Raiders, Allen nunca encajaría en el modelo de jugador de equipo que exige Davis.

En esa campaña de 1983 los Raiders demostraron ser el mejor conjunto de la AFC. Allen sumaría más de 1000 yardas de carrera (aunque también catorce costosos fumbles), y en los playoffs redescubriría la forma que le llevó a triunfar en su periplo universitario. Ante los Steelers acumuló 121 yardas y 2TD en sólo 13 carreras. En final de conferencia otras 154 yardas de carrera y 62 de recepción. Y en la Superbowl, 191 yardas y 2TD en 20 intentos. Los Raiders aplastaron en esa Superbowl XVIII a los Washington Redskins por 38-9, siendo Allen el MVP, algo que sin duda no agradó a Al Davis.

En 1985, Allen vivió la mejor temporada de su carrera en la NFL. Acumuló 1759 yardas de carrera y 11TD, además de 555 de recepción. Sumó una serie de nueve choques consecutivos con +100 yardas de carrera, que ampliaría a once al comenzar la campaña de 1986. A pesar de sus esfuerzos, los Raiders caerían en playoffs en casa ante los Patriots, lo que provocó la ira de Davis. El propietario del equipo veía como el estrellato de la franquicia debía compartirlo con Marcus Allen, el jugador al que nunca quiso draftear y que ahora era el MVP de la competición, y además su glorioso equipo comenzaba a desintegrarse con las paulatinas marchas de hombres como Jim Plunkett, Lyle Alzado y Todd Christiansen.

Al año siguiente las cosas empezaron a torcerse para Allen. Primero, lesiones en un tobillo y en un muslo le obligaron a perderse sus primeros encuentros en la NFL. Luego, llegó el partido ante los Philadelphia Eagles, al que los Raiders llegaban con un récord de 7-5, con esperanzas de meterse en playoffs. Con el marcador empatado a 27, Los Angeles avanzó hasta la yarda 10 de los Eagles, y el entrenador Tom Flores decidió intentar una carrera por el centro que colocara el balón en perfecta situación para conseguir el field goal de la victoria. Allen era como no el protagonista, y tras romper un placaje perdió el balón, Philadelphia lo recuperó por medio de Andre Waters que retornó hasta la yarda 4 de los californianos. Dos jugadas más tarde Randall Cunningham anotaría y los Raiders se marchaban al vestuario con el amargo sabor de la derrota. Mientras todos los compañeros trataban de animar a un desconsolado Allen, Al Davis llegó hasta su altura: «Oh, joder, ya debí haberte traspasado». Los Raiders perdieron los cuatro últimos partidos de esa campaña, y muchos apuntan a ese choque como el final de la dinastía del conjunto de Davis.

Para 1987 Al Davis le mandó un claro golpe psicológico a Allen con la contratación del ganador del Heisman Trophy dos años antes, Bo Jackson. La idea de Davis era que Jackson ocupara el puesto de Marcus. Ambos corredores se repartieron el juego en un principio, quedando finalmente Allen como el fullback titular de los Raiders para poder seguir jugando. Al acabar el año, sorprendentemente Allen renovaría con el equipo de Los Angeles, y es que aunque su relación con Davis era insostenible, no se veía jugando en otro conjunto. Según pudo saber el propio Allen cuál fue el motivo que llevó a Davis a renovarle encontró lo siguiente: «Mientras el hijo de puta siga anotando touchdowns, lo quiero en mi equipo».

Lo cierto es que los últimos cuatro años de Allen en los Raiders fueron un calvario. Dos graves lesiones en sus rodillas le limitaron en las campañas de 1989 y 1991, y además veía como su tiempo de juego se reducía más y más. Tras la retirada obligada de Jackson, Davis contrataría a Roger Craig, y posteriormente a Eric Dickerson, ex estrellas que ya estaban en el ocaso de su carrera. La idea de Davis era que Allen se convirtiera en un mero back de tercer down, y desde luego los distintos entrenadores no se lo iban a impedir. En los partidos durante la temporada de 1992, en numerosas ocasiones en las que desde la banda se ordenaba una carrera para Allen, Davis hacía oír su voz discrepante desde las salas de los coordinadores de ataque. Todo explotó en un Monday Night que los Raiders jugaban en Miami el 14 de diciembre de 1992. Sin comentárselo a nadie, Allen efectuó una entrevista secreta con Al Michaels, comentarista para la ABC, en la que afirmaba que su ausencia en el campo se debía exclusivamente a los deseos de Davis, que era quien diseñaba los «game plans» y decidía a quien debía dársele el balón en cada jugada. La entrevista se emitió en el descanso del choque, y la polvareda que desató fue impresionante. Davis lo negó todo, y obligó a los distintos entrenadores a «declarar» en su favor. Si algo bueno había traído todo esto para Allen, es que por fin iba a terminar esta pesadilla. Tras acabar la temporada Marcus Allen era «libre».

Y Allen «salió de compras». Cinco equipos se interesaron en sus servicios: Miami, Seattle, Washington, Kansas City y New York Giants. La idea de Allen era la de jugar en los Dolphins por diferentes motivos: tenían un gran quarterback en Dan Marino, un legendario entrenador en Don Sula, y el clima de Florida era lo más parecido al de Los Angeles. Pero sus planes se vinieron abajo cuando le confirmaron que le querían como un especialista de tercer down. Si algo no quería Allen era volver a su situación anterior, así que cambió de planes. Tras comprobar como Joe Montana había firmado con los Chiefs todo se fue aclarando. Aunque en principio Kansas era su última opción, finalmente Allen recalaría allí, y para su sorpresa se convertiría en uno de los hombres más queridos en la ciudad, a la vez que la ciudad sería un dulce hogar para él.

La campaña de 1993 fue como un sueño para Allen, que lideró la AFC con 15TD totales. Fue elegido para la Probowl como corredor titular, y por si fuera poco anotó su touchdown número 100 en la NFL bajo la atenta mirada de Al Davis en su primer partido contra su ex equipo. Al terminar el emocional encuentro, Allen saludó a todos sus ex compañeros, si bien éstos parecían no añorarle demasiado. La razón: Davis había dejado bien claro en el vestuario antes de empezar el partido que no quería ver a nadie ser muy efusivo al cruzarse con Marcus.

Kansas City avanzó hasta la final de la conferencia americana, donde unos poderosos Bills y un desconcertado Montana fueron razones más que suficientes para la derrota por 30-13.

Tras una temporada «celestial», Allen descendería a los infiernos en Junio de 1994. Mientras pasaba un fin de semana en las Islas Caimán, Allen recibió una llamada cuando jugaba al golf. La cara de su mujer Kathryn hacía prever lo peor: la mujer de O.J. Simpson había sido asesinada, y OJ era el principal sospechoso. Allen había trabado una gran amistad con OJ desde sus días en USC, y la noticia dio un vuelco en el corazón de Allen, quien se mostró decidido a volver para ayudar a su amigo. Aconsejado por su mujer, Allen decidió permanecer allí. Dos días después contemplaba por televisión como OJ huía de la policía en coche por la autopista de Santa Mónica. Allen se abrazó a su mujer en ese momento y comenzó a llorar, sabía que de no haber sido por esas vacaciones en las Islas Caimán, él habría estado en ese coche.

Todo lo que sucedió después fue aún más duro para Allen, que vio como se le implicaba de múltiples maneras en el caso, algunos llegaron incluso a comentar que había estado relacionado sentimentalmente con la mujer de OJ. El juicio se prolongó durante toda la temporada de 1994, un año en el que Allen nunca pudo concentrarse en los campos de juego, a pesar de lo cual sumó 709 yardas de carrera y 7TD en trece partidos. En el último día de esa amarga temporada Allen vivió una noche muy especial. Ante los Raiders, en Los Angeles, lideró la victoria de los Chiefs con 132 yardas de carrera (su primer partido con +100 yardas de carrera desde 1988). Aunque Al Davis obligó a retirar muchas pancartas a favor de Allen, los aplausos que le dedicaron tras cada carrera fueron incontenibles.

Tras la resolución del caso de OJ, declarado inocente, Allen volvió a brillar en 1995 (ya sin Montana en el equipo), con casi 900 yardas de carrera. Los Chiefs avanzaron hasta los playoffs con el mejor record de la AFC, pero los errores del kicker Lin Elliott fueron decisivos en la derrota ante los Colts de Marshall Faulk en primera ronda.

Finalmente, en 1997, Marcus Allen viviría la última temporada de su brillante carrera en la NFL. Relegado a sus 37 años a un miembro más de la rotación de corredores de los Chiefs, Allen actuó eficientemente a una edad en la que la inmensa mayoría de sus compañeros de posición llevarían varios años retirados. Corrió para 505 yardas, y anotó 11TD. Tras un comienzo en el que apenas tocó balón, la segunda mitad de temporada le hizo considerar la posibilidad de volver para una decimoséptima temporada en la liga. Mientras los Chiefs no paraban de ganar partidos, Allen veía como el destino quizás podía guardarle una última sorpresa. La Superbowl de ese año era la número 32, el dorsal de su camiseta; se iba a disputar en San Diego, donde se había criado; y por si fuera poco, la última vez que la AFC ganó la Superbowl fue en 1983 cuando él fue el MVP. Pero todo se desvaneció en una apagada tarde de Enero ante los Denver Broncos, que les derrotarían por 14-10 en su camino hacia el título.

Poco después Allen recibiría una llamada de la CBS para cubrir los partidos que habían conseguido bajo el nuevo contrato televisivo. Allen no lo dudó y decidió que era el momento para la retirada. En el año 2000 ingresó en el Salón de la Fama del fútbol universitario, y nadie tiene la menor duda de que tras la campaña de 2002 Allen ingresará en el Hall of Fame de la NFL.

 

Carrera
Recepción

Año

Equipo

Intentos

Yds

Media

TD

Rec

Yds

Avg

TD

1982

LA

160

697

4.4

11

38

401

10.6

3

1983

LA

266

1014

3.8

9

68

590

8.7

2

1984

LA

275

1168

4.2

13

64

758

11.8

5

1985

LA

380

1759

4.6

11

67

555

8.3

3

1986

LA

208

759

3.6

5

46

453

9.8

2

1987

LA

200

754

3.8

5

51

410

8.0

0

1988

LA

223

831

3.7

7

34

303

8.9

1

1989

LA

69

293

4.2

2

20

191

9.6

0

1990

LA

179

682

3.8

12

15

189

12.6

1

1991

LA

63

287

4.6

2

15

131

8.7

0

1992

LA

67

301

4.5

2

28

277

9.9

1

1993

KC

206

764

3.7

12

34

238

7.0

3

1994

KC

189

709

3.8

7

42

349

8.3

0

1995

KC

207

890

4.3

5

27

210

7.8

0

1996

KC

206

830

4.0

9

27

270

10.0

0

1997

KC

124

505

4.1

11

11

86

7.8

0

Totales

3022

12,243

4.1

123

587

5,411

9.2

21