El último bastión insurgente de Troya

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Después de la impactante victoria en la siempre dificultoso travesía a Autzen ante Oregon (entonces subcampeones nacionales) el año pasado y tras finalizar la temporada en una forma e inercia prodigiosa, todos los analistas (servidor inclusive) señalábamos a estos Trojans como máximos candidatos, si cabe, por asaltar el cetro nacional colegial con el objetivo de desbancar a Alabama de su reinado absoluto del negocio.

Saldada la prohibición de postemporada tras el dictamen de la NCAA en el caso Reggie Bush, con Lane Kiffin en su tercer año de régimen en LA y después del aclamado retorno del QB Matt Barkley tras rechazar la NFL en su último año de elegibilidad, USC se presentaba en Septiembre con ese alarde y autoconfianza característico de un equipo llamado a aspirar a todo. Los Trojans se creían sobradamente capaces de dominar su división y probablemente encontrar la resistencia en el Oeste de unos Ducks, que además deberán visitar el Coliseum en Noviembre, por lo que una virtual victoria les facilitaría la eventual probabilidad de recibir el encuentro por el título de la PAC-12 en su propio estadio. De todos modos, las posibilidades, así como su particular contención por el crystal-ball, no se verán, por el momento, radicalmente afectadas. Los Trojans continuarán inmersos en la carrera, sin embargo, Stanford volvería a recordar a USC su digamos “austero” presente.

La Cardinal es el azote de los Trojans, es el último baluarte insurrecto de Troya por recuperar su antaña gloria. No soy un gran seguidor de Lane Kiffin y su controvertido criterio, pero hay que reconocer su soberbio trabajo estos dos años de clandestinidad bajo la probación de la NCAA, sin embargo, el propio Kiffin aún no conoce la victoria ante Stanford como troyano y ya son cuatro años consecutivos (récord en estas longevas series para la Cardinal), que el propio programa es incapaz de superar al de Palo Alto, quienes no hace demasiado tiempo eran la cenicienta deportiva y la institución “empollona” de la conferencia. Jim Harbaugh primero (estableciendo la fundación) y ahora David Shaw, tienen maniatado a los Trojans mediante una auténtica “smash-mouth football” de las de antaño.

Stanford no tiene el talento que atesoró años atrás, ni tampoco individualidades que marquen la diferencia como Andrew Luck o Toby Gerhart recientemente, pero la Cardinal sigue alineando una multitud sobre la línea de scrimmage y siguen desafiando a su oponente con la áspera filosofía del “pounding the football”. Barkley fue golpeado constantemente, evitando que asentara ambos pies y  escaneara el campo con comodidad, pero cuando tuvo tiempo sobre el pocket, su concentración se diluyó con constantes desajustes con Robert Woods, imprecisiones o pobres lecturas, que acabaron con una actuación mísera del llamado a ser número 1 absoluto del Draft y favorito al Heisman. David Shaw ha sabido absorber y promocionar con éxito la idea original “old-school” de su predecesor y la Cardinal convertiría la visita troyana en áspera e incómoda, con un incesante trabajo a ambos lados del balón y con todo un ramillete de jugadores de perfil bajo (traducidos en “anónimos” o-linemen, fullbacks, tight ends e incesantes pass rushers), en contraste con la apariencia de auténticas estrellas de Hollywood (especialmente en ataque) por parte de su oponente. Los Trojans, además, mostraron signos de falta de profundidad tras la baja del center Khaled Holmes y su línea defensiva (se presumía el tendón de Aquiles de un conjunto con talento a raudales) fue un coladero ante el incesante y físico juego terrestre entre tackles de la Cardinal.

USC seguirá en contención en Noviembre, pero su supremacía en el Oeste, ante una primera oportunidad de anunciar sus credenciales dentro de su propia conferencia y alrededor del país, fracasaría estrepitosamente en manos de un rival que tiene comida la moral de los Trojans. La visita a Palo Alto advertiría a los pupilos de Kiffin que probablemente no estén tan alejados como se vaticinaba de sus rivales divisionales; UCLA, Arizona y Arizona State, y que tal vez precisen abstraerse de su candidatura por el crystal-ball, previo paso por dominar su competición doméstica.

Vamos allá con mis reflexiones personales de la tercera semana:

 

No sirve como excusa la baja por lesión de Tyler Wilson (por razones de seguridad), diferentes problemas de salud del squad o la situación interina en el banquillo de John L. Smith, estos Razorbacks definitivamente son mediocres y las duras declaraciones tras el partido del propio Wilson acusando a alguno de sus compañeros de “quitters” solamente lo confirman. Parece ahora increíble que este verano los medios hablaran de estos Hogs como seria alternativa del Oeste e incluso etiquetaran este encuentro como uno de los showdowns del año en la SEC.

Como seguidor acérrimo de Alabama, no recuerdo una visita tan cómoda a Fayetteville. Con pocos minutos en el tercer cuarto, los Crimson Tide incluso aprovecharon la oportunidad para evaluar sobre el campo a auténticos “third-stringers” como Blake Sims con el zone-read o el RB true-freshman Kenyan Drake, quien mostró varios explosivos movimientos. En el primer shut-out de los Hogs en su casa desde 1996, Arkansas fracasaría en cada uno de sus movimientos, sufriendo un colapso mayúsculo. Desde toda la inútil parafernalia alrededor del “game-day decision” sobre Tyler Wilson, una paupérrima defensa o la gestión del propio despido de Petrino y la contratación de Smith, Arkansas sencillamente está girando sobre la dirección inversa.

La autodestrucción de los Razorbacks fue tan espeluznante que Bama tan sólo se dedicó a transformar aquello que gustosamente recibía (sólo 9-7 a favor de los Tide en el diferencial de primeros downs durante la primera parte). Me pasé casi toda la segunda parte intercambiándome mensajes por whatsapp con un grupo de amigos del otro lado del charco que viajaron la noche anterior a la pequeña Fayetteville. Ni Western Kentucky nos permitió tales concesiones la anterior semana, por lo tanto, no saquen demasiadas conclusiones de este encuentro.

Después de que Auburn tuviera que ir a la prórroga en The Plains para sobrevivir con un field-goal a la visita de Louisiana-Monroe (si, los mismos que incendiaron Little Rock la anterior semana), se puede confirmar el brutal salto entre Alabama y LSU, y el resto de una división que no hace demasiado tiempo se distinguía por su extrema competitividad “top-to-bottom”. Se puede comprender desde el punto de vista del nivelón de estos “ogros” o también la propia debilidad actual del resto de sus integrantes.

Y en todo este triangulo en la división oeste de la SEC, aparecen nuevamente ramificaciones del “Jet-Gate”, que acabó con Tommy Tuberville y que puede volver a poner en negocio a Bobby Petrino, exactamente con destino a The Plains, donde administración y boosters siempre apostaron por su llegada en detrimento de la de Gene Chizik. Por mucho que llevara a Auburn al cetro nacional hace tan sólo dos temporadas, a Chizik se le considera un simple parche (sólo hay que ver el poco margen de maniobra que presenta) y sino al tiempo.

Creo que está bastante claro que Josh Nunes no es Andrew Luck, pero con tres años cargando el tablón a cuestas y con la clara orientación ofensiva implantada por David Shaw (varios detractores criticaron que no liberara el brazo de Luck el año pasado), Nunes podría emerger en un serviciable game-manager. El quarterback senior mostró calma y control de los tiempos, especialmente en un último cuarto decisivo donde la Cardinal controlaría la posesión durante más de once minutos.

Gran salto de calidad del grupo de defensive-backs de Stanford frente a los Trojans, después de fajarse y maniatar a su temible dupla de receptores formada por Marquise Lee y Robert Woods.

Seamos también un tanto reservados con cualquier proclamación pública de que Notre Dame está de vuelta. Finalmente, Brian Kelly conseguiría su “marquee victory” con los Irish en East Lansing, proyectando al programa en el camino correcto con un récord de 3-0 (por primera vez en una década) y con la visita en el horizonte de los Wolverines este sábado. Notre Dame se mostró físico sobre el punto de ataque, obteniendo aquellas yardas terrestres cuando las precisó bajo un ataque oportunista (sorprende el siguiente dato; 1 de 14 en situaciones de tercer down) y especialmente sobrecargando el box (2 yardas terrestres de promedio) con un front-seven que ya nos sorprendió en Dublín en el partido inaugural ante Navy, pero hay que tener en cuenta que Sparty depende en exceso (en mi opinión) de que su estelar runningback Le’Veon Bell mueva las cadenas y cuando el fantástico front-seven de los Irish desafió al quarterback Andrew Maxwell a ganar el partido con su brazo, los Spartans fracasaron. Un par de posesiones donde la defensa local defendió pobremente, fue suficiente renta para que Notre Dame abriera la lata, y cierto es que Kelly lleva moviendo la “maquinaria” de modo conservador y adaptándose al talento presente desde que arrancara la temporada, por lo que todavía hay aspectos que deberán madurar y que necesitarán recorrido. De todos modos, la dirección ahora parece la correcta.

¡Qué pedazo de jugador es Manti Te’o! (Sumaría 12 placajes, 2 pases defendidos, 1 sack y 1 fumble recuperado ante Michigan State), pero, especialmente, ¡Qué fantástica persona y que carácter más maduro y modélico de este linebacker de los Irish natural de Hawaii y descendiente de samoanos! Me impresionó su educación y sobriedad ante las cámaras de ESPN, después de perder a su novia el miércoles pre-partido, tras librar una ardua batalla frente a un cáncer de leucemia, y sólo 24 horas más tarde de la muerte de su propia abuela. Te’o se retrasaría ligeramente a la clásica dedicatoria a su alma máter, pero aún con la emoción presente, no le faltó tiempo para agradecer a sus fans todo el apoyo prestado.

No es un ningún secreto que Jeff Driskel goza de talento y habilidad natural. Sin ir más lejos, estamos hablando del mejor proyecto de quarterback de toda su promoción tras graduarse en el instituto. Lo que nadie esperaba era una progresión tan vertical y prematura en su año sophomore. Driskel está madurando a una velocidad vertiginosa, algo que se manifestó en varias repeticiones de la ESPN, donde se le observó progresar en diferentes lecturas hasta conectar incluso con un tercer “target”.  No es que el gameplan de Muschamp le esté exigiendo demasiado en estos momentos, pero su características generales y su capacidad física es muy obvia, mientras que su resistencia y agresividad, tanto dentro como fuera del pocket, está fraguando un respeto y admiración entre sus compañeros. Puede que Florida esté frente a su futuro líder en los dos próximos años.

Me está sorprendiendo gratamente el progreso, compromiso y madurez que los Gators experimentan cada semana bajo la batuta de Will Muschamp, y no es que este programa fuera precisamente popular por tales características. Por segunda semana consecutiva y bajo un nuevo ambiente hostil (esta vez en el rivalry-game de Knoxville ante Tennessee), la primera parte se le volvería a enredar a los Gators, con los Vols dominando los tiempos y teniendo que complacerse con un fieldgoal de 20 yardas en la última acción previa al descanso. Pero nuevamente, Florida se ajustaría en los vestuarios con sus ya particulares variaciones “on the fly” y dominaría el resto del encuentro, anotando en cinco de sus siete posesiones tras el descanso.

Los Gators están absorbiendo el físico, agresivo y musculoso criterio de Muschamp, machacando entre tackles con el runningback Mike Gillislee y golpeando a los defensores oponentes sobre la línea de scrimmage. Tal vez no sorprenda que la defensa de Tennessee no encontrara aliento ni respiro, particularmente durante la segunda parte, con el ataque de Florida constantemente sobre el campo (550 yardas totales).

Me sorprende también el fantástico trabajo del nuevo coordinador de ataque de los Gators Brent Pease, quien llegaría a Gainesville tras una fructífera andadura en Boise State (coordinador de receptores desde el 2006 y responsable del ataque la anterior temporada). Remarcable su trabajo con Driskel y su responsabilidad en los diferentes ajustes tras el descanso.

Definitivamente, estos Gators siguen una línea de progreso paralela a la de su máximo rival, Georgia, algo que ya señalé la anterior semana. Interesante el puso que aquí nos encontraremos.

Los Volunteers, en cambio, suman su octava derrota consecutiva ante Florida en este rivalry-game, algo que en Rocky Top deben empezar a mirarse ya con seriedad.

Las expectativas son excepcionales en Tallahassee y muchos analistas están verdaderamente entusiasmados con las posibilidades reales de Florida State, tanto a nivel interconferencial como nacional, en una muestra de que Jimbo Fisher tiene a este legendario programa de vuelta, sin embargo, se me hace difícil evaluar con objetividad y exactitud el talento real de este squad, después de arrancar con un calendario tan pobre. Lo cierto es que la defensa de los ‘Noles, liderada por los ends Bjoern Werner y Cornellius Carradine, únicamente ha permitido 3 puntos en una docena de cuartos, limitando un decente ataque como el de Wake Forest a únicamente 126 yardas totales, 7 primeros downs y una conversión (de 16) en situaciones de tercero down.

La resurrección que experimenta Louisville bajo el régimen de Charlie Strong y su QB titular Teddy Bridgewater.  Un programa comúnmente acostumbrado a recibir mayores satisfacciones en el basket, quiere volver a recuperar aquel esplendor en football que le llevó a contender  por el crystal-ball con la dupla Bobby Petrino y Brian Brohm. El fantástico trabajo estos tres últimos años de Charlie Strong, parece devolver a los Cardinals nuevamente a la relevancia. Por otro lado, Bridgewater  proporciona esa sobriedad, precisión y competitividad (82% completados y ninguna intercepción hasta el momento) que está consiguiendo afectar de forma positiva a todos sus compañeros. Con todo un auténtico “blowout” al descanso ante North Carolina (36-7), los Cardinals cerca estuvieron de complicarse la tarde tras sufrir un punt bloqueado y un fumble en un retorno.

Remarcable el inicio de Northwestern, acostumbrada a una mayor excelencia académica. Por tan solo segunda ocasión en cincuenta años, los Wildcats de Pat Fitzgerald abren la temporada con tres victorias consecutivas ante rivales FBS como Syracuse, Vanderbilt y Boston College, todo un genuino éxito que confirma lo infravalorado que está este programa y especialmente su head-coach.

Después de sendos desastres ante Youngstown State (31-17) y Cincinnati (34-10) para arrancar la temporada, uno mismo señalaría a Pittsburgh como un programa sin rumbo, ni dirección u horizonte; completamente a la deriva. Sin embargo, los Panthers recibirían en Heinz Field a una incómoda y áspera compañía como es Virginia Tech (entonces No.13 del país), y repentinamente, vuelven a parecer contendientes a la Big-East. Es la primera victoria de Paul Chryst como head-coach y la cuarta consecutiva de Pitt en estas series ante los Hokies (con éstos siempre ranqueados), que, además, acaba con una racha de Virginia Tech de 13 victorias consecutivas fuera de su casa (la mejor de todo el país en la actualidad). Con un juego sólido a ambos lados del balón, generando turnovers y con brillantes actuaciones de baluartes como el QB Tino Sunseri, el RB Ray Graham o el RB true-freshman Rushel Shell (top5 de su promoción), Pitt puede haber encontrado el punto de inflexión oportuno que el programa necesitaba para contender por la conferencia.

California llegó a infringir de nuevo el pánico en la parroquia de Columbus, hasta que un gravísimo “blow-coverage” de ambos safety y cornerback, quienes picaron al unísono en el intento de scramble de Braxton Miller, permitió que Ohio State escapara vivo en los últimos minutos. Los Buckeyes no olvidarán al sophomore Brendan Bigelow, quien derrochó dos años de recuperación de un par de lesiones de ligamento cruzado y cuya contribución anterior no fue más allá de un simple retornador de kicks. Los Golden Bears decidieron darle el balón en el tercer cuarto y éste speedster causó el terror en The Horseshoe. Bigelow anotaría un touchdown de 81 yardas la primera vez que tocó el balón y rompería con otro de 59 yardas para igualar el marcador con 8 minutos restantes, finalizando con un total de 160 yardas en 4 intentos de carrera.

¿Alguien sabe qué ocurre con Wisconsin? El simple hecho de despedir a su coordinador de la línea ofensiva (habitual y característico “heart and soul” de este programa) no parece la respuesta a los males del squad de Bret Bielema, después de que sobrevivieran agónicamente a un último “fieldgoal ganador” de Utah State en Madison. Monteé Ball, por fin corrió para 139 yardas, pero necesitó un total de 37 intentos (mediocre promedio de 3,8 yardas), mientras que Bielema mandaría al banco en el descanso a Danny O’Brien en detrimento de Joel Stave. Los Badgers ranquean 94 del país en juego terrestre (realmente insólito para los estándares de este programa) y únicamente promedian 16 puntos por partido.

Western Kentucky es una de las agradables sorpresas de este arranque de la temporada. El trabajo de Willie Taggart en tan solo tres años en su alma máter, es remarcable y meritorio. Los Hilltoppers aterrizaron en la máxima categoría, el FBS, en el año 2009 (sufrirían una racha de 26 derrotas consecutivas desde el 2008 al 2010) y el año pasado, ya experimentaron un tremendo salto de un récord 2-7 a 7-5 (aunque no recibirían invitación alguna para la post-temporada). Después de una imagen categórica ante Alabama en Tuscaloosa, donde incluso recibieron los piropos de Nick Saban, Western Kentucky conseguiría su “marquee victory” ante Kentucky en Lexington y en la prórroga. Taggart no solamente ordenó una conversión de dos puntos, sino que se la jugó con un auténtico trick-play. El QB Kawaun Jakes envió un lanzamiento lateral sobre el runningback Antonio Andrews, quien bruscramente giraría para lanzar en opuesta dirección sobre el propio Jakes, para que este diera la victoria a los Hilltoppers ante el máximo rival interestatal. Taggart es un antiguo quarterback de la Universidad de Western Kentucky y pupilo de Jim Harbaugh en Stanford como coordinador de la unidad de runningbacks.

El final del Holy War pareció un chiste de Gila. Después de que los Cougars remontaran catorce puntos en el último cuarto, los aficionados locales de Utah invadieron el terreno creyéndose victoriosos con el tiempo concluido, sin embargo, el árbitro principal anunciaría que aún quedaba un último segundo sobre el reloj (tras comprobar que el envío golpeó el suelo antes de que el tiempo se agotara), permitiendo a BYU una última oportunidad para intentar forzar la prórroga con un fieldgoal de 51 yardas. El intento fue bloqueado y de nuevo llegaría la esperada invasión, sin embargo, los cebras penalizarían con 15 yardas a los aficionados de los Utes, después de que éstos asaltaran el campo aún con la acción viva tras el bloqueo. Los Cougars dispondrían de otro nuevo intento, esta vez más asequible de 36 yardas, sin embargo, volverían a errarle tras golpear éste sobre un post, permitiendo a los fans de Utah invadir ahora el campo con absoluta libertad. Una locura.